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El gigante eólico de Tierra de Campos

19 de octubre de 2010

Aguilar de Campos no encabeza el 'ranking' de los pueblos más turísticos de la provincia. Tampoco empapela con folletos las ferias de turismo, ni indica en carretera que se precie los tesoros que esconde entre las viviendas que dan cobijo a una población que ronda los 300 vecinos.
Pero sorprende.
Es capaz de dejar boquiabierto al forastero con solo asomarse a una plazoleta, evocar nostalgias en medio del océano cerealista y cautivar con la vasta historia que custodia en el subsuelo (algunos historiadores ubican aquí el poblado de Intercatia).
Hasta aquí llegan de vez en cuando excursiones atraídas por la valiosa iglesia de San Andrés, «y algún que otro camionero que se equivoca pensando que es Aguilar de Campoo, en Palencia», precisa Francisco Salvador, presidente de Honor Vitalicio de la Asociación de Jubilados 'El Rollo', que cuenta con más de 150 socios. «El 80% de la población somos personas mayores», precisa su vecino y amigo Arquipo Lebrato para justificar la cifra.
Estos dos hombres, de 84 y 82 años, respectivamente, conocieron su pueblo con zapateros, guarnicioneros y hasta chocolateros, pues Aguilar albergó hasta finales de los años 70 tres fábricas de chocolate de otras tantas familias que llegaron procedentes de Vezdemarbán (Zamora). «Como ese chocolate no hay ninguno, no puede ser más que artesanal, como se ha hecho siempre», rememora Francisco. Milagros González, la actual presidenta de la asociación de jubilados, y Donaciano Velasco, vecino del pueblo, dan fe de los aromas que desprendían las fábricas. «Olía que daba gusto», dicen.
Océano cerealista
Con su cierre, la industria se evaporó para dejar al sector agrícola y ganadero al mando del empleo de la localidad. Existen tres familias ganaderas de vacas de leche (unas 300 cabezas) y otras tres más de carne (unas 800 más). Las explotaciones se divisan a la perfección desde la loma en la que los lugareños ubican una antigua fortaleza. También se percibe el océano cerealista que labran unos curtidos agricultores del epicentro de la Tierra de Campos. Del trigo que mana esta zona surgieron los molinos de viento que jalonaron el entorno de Aguilar. Solo uno, de estructura similar a los de La Mancha, desafía al paso del tiempo a un kilómetro del municipio.
Sus propietarios lo acondicionaron recientemente con fondos europeos y lo abren ahora de par en par a las visitas, que se sorprenden con las vistas que alcanzan desde el que se ha venido a bautizar como 'El mirador de Castilla'.
Desde aquí se atisba la ermita del pueblo, un antiguo monasterio franciscano que se encarga de custodiar a la Virgen de las Fuentes. «¿Qué si es milagrosa? El milagro es que estamos aquí día tras día», dice un risueño Francisco.
Este gigante de la Tierra de Campos engrosa el listado de recursos que todo buen visitante que se precie debe conocer en Aguilar. Acompaña al conjunto declarado Monumento Histórico Artístico y que está formado por la iglesia de San Andrés, del siglo XIV gótico-mudéjar, con una sorprendente portada en arco de herradura de estilo cordobés, y el rollo de justicia adyacente, «del siglo XV», dice Arquipo, muy documentado sobre la historia de su pueblo.
«Tuvo cuatro iglesias, doce curas y 1.200 habitantes. Todo esto allá por el siglo XIV, que decían que tenía los mismos habitantes que Santo Domingo de la Calzada y fíjate lo que es uno y lo que es otro», añade.
Nuevas tecnologías
Lo cierto es que la apertura del Museo del Pan en Mayorga ha ayudado también a que Aguilar se descubra ante un mayor número de visitantes, según explica su alcalde, Jaime Carlos Alonso, quien se lamenta de que las nuevas tecnologías como la banda ancha no lleguen aún a estos municipios.
«Ni la televisión, porque no vemos ni un canal. Póngalo usted ahí a ver si nos hacen caso, que desde la TDT se nos va la señal», apostilla Milagros González. Pues reflejado queda.
Fuente: norte de castilla